Cuando se van las olas
al son de nuestros pasos
solo queda la arena solitaria
dejando nuestras huellas
apenas dibujadas,
de forma intermitente:
someras, casi invisibles
y tristemente silenciosas,
sucesivas, transitorias
blandamente fugaces.
Y a nuestra espalda,
al marchar de la espuma,
se queda la tierra tranquila,
mullida y blanda,
tremendamente dócil,
molde de nuestros pasos.
Y a su ritmo, perdida
la memoria ya
del rastro nuestro,
vuelve a la orilla sola
terriblemente abandonada,
y, en solo un momento,
lisa y vacía. Muda.
(2018)
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