
Es esta una tierra de brumas. Aquí se diría que nace la niebla. El horizonte, al fondo, es una aguada, un paisaje chino de líneas siempre curvas, como desdibujadas. Salimos de mañana, ya de vuelta, otra vez, como siempre, en un velo, entre mustias neblinas. Así lo recuerdo de tantas otras veces. Es esta una estampa para mí conocida de color uniforme dibujado con tinta, de grises borrosos, imprecisos y ausentes, que se van aclarando algo más tarde. Se van volviendo nítidos, van siendo más reales, adoptando colores mientras nos acercamos. Y Santiago, al fondo. Esta vez, la dejamos a un lado. Nos espera a la vuelta, ¡el Apóstol lo quiera!, con su abrazo de piedra, amable siempre, también santificada. La miro y me despido. Ella me entiende. Se va quedando atrás la tierra de las nieblas. Mientras, el camino, se nos va despejando. Ese largo camino por delante. Y el paisaje se va volviendo verde. Pasa del gris al verde, hasta dentro un rato. (2013)





