OCASO EN FISTERRA (FINISTERRE)

Atardecer en Finisterre

Para acercarse a Fisterra cualquier hora del día es buena. Recuerdo que la primera vez que llegué hasta el faro -hace ya de eso  muchos años- era al atardecer y el viento, que parece que allí da la vuelta al mundo, azotaba con fuerza. Pero el encuentro con uno de esos fines geográficos del mundo fue mágico.

Más adentro y protegido, asomando a la ría, está el municipio de igual nombre, acompañado siempre por el graznido de las gaviotas. Su puerto, abrigado y coqueto, con olor a salitre y a embarcaciones, posee también una atmósfera fascinante y seductora. También aquel lugar me trae recuerdos imborrables de otras horas, y de la noche. También hay que volver.

Pero el lugar del faro es grandioso. Aquí se entiende que acabara el mundo. Aquí parece que se abarca el infinito. Si además nos lo encontramos en el ocaso, nos dicen adiós la tierra y el día. Y la imagen puede ser sobrecogedora. El sentimiento, único.

Aquél día ajustamos el tiempo para llegar a Fisterra a la puesta de sol. Y llegamos.

Ocaso en Fisterra
Contemplando el fin del día en el fin del mundo. Ocaso en Fisterra. JMV.
El silencio, de profundo,
volvió el aire espeso.
Y acabó convirtiéndolo
en un manto benéfico,
de comunión y abrigo.
En una llovizna íntima,
y plácida, de emociones,
que nos cubrió a todos
los que allí estábamos.
(Octubre, 2012)
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