…Y DE LUNAS

Podría decirse que sobre la luna, las lunas -de cada día, de cada momento, de cada uno de nosotros-, todo, o casi todo, está dicho, está escrito. Pero no es así. Cada noche es capaz de hacerse diferente e iluminar o entristecer el mundo, de acompañar o abandonarnos, convertirse en espía, pero también, y sobre todo, en confidente, cómplice, consejera o en el momentáneo, fugaz, repentino o permanente objeto de nuestro deseo, de nuestros más íntimos anhelos.

Cada día, y cada noche sobre todo, si nos detenemos y le dedicamos un momento a su presencia, nos trae una o varias lunas, todas destinadas a cada uno de nosotros.

Y al contemplarla, casi siempre, nos sentimos protegidos. Porque esa es su mayor virtud y su gran secreto. Ese es el misterio que la hace tan fascinante: acompañarnos en la oscuridad, hacernos creer que nos atiende y que nos escucha.

Triste luna

Se me pasó la noche
acunando a la luna,
secando su tristeza,
cubriendo su blancura.

En un sueño inventado
con risas, con espuma.
La luna estaba triste.

(octubre 1994)

Luna compañera

Hoy ha muerto el sol,
y yo,
acompaño a la luna a despedirlo.
En su hondo sentimiento,
de tristeza blanca,
voy con ella.
Y en su pena redonda
yo la sigo.

(junio de 1997)

Menguante y amarilla

Hoy la luna parece,
una mueca,
una triste sonrisa
de la noche.

(febrero de 1995)
luna llena amarilla

Amarilla luna llena

Mira la luna, rellena y amarilla,
cómo nos vigila desde ahí arriba:
cómo nos espía desde su cielo.
Ahora nos seguirá por todas partes,
vendrá detrás, hasta donde vayamos,
y se irá haciendo grande
y después pequeña.
Se irá enfriando mientras nos acompaña.
Y acabará por marcharse con el sueño,
quién sabe si hasta mañana.

(Diciembre de 1999)

Luna de enero

Luna menguante de enero,
cortas el cielo,
con tu afilada hoja de pena blanca.
Ojo de cíclope del cielo,
luna redonda, párpado de plata.

Miras desde arriba
con tu anciana mirada,
con  tu ojo terrible
que lo sabe todo.

Y me das miedo.

(Enero 1998-Agosto 1999
luna menguante y amarilla

Luna llena

Está la luna
hinchada y perfecta,
redonda y colmada
enteramente.
Ha abierto su ojo
por completo.

Quizá quiere alumbrarnos
con idea protectora
y nos abre la noche
para no perdernos.

Tal vez su intención
sea otra y, orgullosa,
se crece cuanto puede.

Y que seamos nosotros
quienes la miremos,
mientras ella disfruta
engreída y repleta.

(octubre 2012)
Luna llena.
Luna llena de enero.

Heridas de luna

La luna, esta noche,
deja ver sus heridas
redondas y profundas,
oscuras.

Muestra sus cráteres,
que son un misterio,
un enigma lejano
para el hombre.

La luna, esta noche,
descubre sus secretos:
profundas cicatrices
de otro tiempo.

(octubre 2012)


Luna blanca de enero

La luna es hoy
una fíbula de plata
que sujeta, como puede,
el manto de la noche.

Una hebilla de nácar
prendida en la cabellera
de la noche negra.

El párpado semiabierto
del mundo.

(Enero, 1995)
Luna
Creciente luna

Creciente luna

La hoja blanca y fría
de la luna,
afilada guadaña,
hace cortes a la noche:
infinitas rendijas
por donde sale la luz,
se escapan las horas
y entra la oscuridad
de la noche negra.
Y se cuela
el tiempo muerto:
la nada.

(Mayo, 2012)

Otra luna

Bella luna de enero.
La de los cielos
no siempre claros.
La de los presagios
no siempre buenos.

(24 de enero de 2013)
Luna
Hermosa luna con sombras.
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