He puesto a secar la angustia y el dolor,
y a la solana extendido los pesares,
que se mojaron ayer cuando llovía.
No sé si quedarán rígidos, tiesos,
si los recogeré algo arrugados.
No sé si quedarán húmedos siempre.
Solo sé que este aire no los mece,
y parece que el sol no los tocara.
Puede que apenas el calor los roce,
que queden ya mojados de continuo.
Puede que aquella lluvia no nos deje.
Y que nos reconozca como suyos.
Y no nos abandone ya, más nunca.
Y nos lleve y nos traiga a su capricho.
Y puede que vivamos como peces
en un mundo empapado y sumergido.
Donde nada se seca y todos es agua.
Calados para siempre. Puede. Puede.
(2014)
Sumergidos. «Varadas y roncadores», Margarita Monroy.