Repiquetea la lluvia
con sus dedos mojados
mientras empapa el aire,
y salpica mi casa,
con ritmo de tristeza.
Y resuena el chubasco
con sus gotas menudas,
que bañan esta noche,
sumergiendo sus horas
en baños sin alivio.
Mientras riega la tierra,
mientras cala las almas
al compás de sus penas.
Y el chaparrón repica
como tenue campana
que anunciara una fiesta,
o toques de un profeta
que de un final avisen.
Con medida cadencia
choca el agua, insistente,
valiosamente limpia.
Llama el agua obstinada
golpeando mi ventana.
Viene, tranquila y firme,
para buscar consuelo
llamando a cada puerta.
Busca un hueco seguro
donde llorar a solas
su música fluida,
su rescatado llanto.
Refugio que no encuentra
y, sin pararse, corre.
Mientras siembra la vida
huyendo de nosotros.
(Febrero, 2014)