La Jacaranda tiene el color
de la sangre de reyes antiguos,
y de príncipes destronados
que no conoció.
Guarda un llanto,
viscoso y espeso,
de nostalgias remotas
y de tiempos perdidos
en orillas lejanas.
Densos recuerdos
de tiempos que se fueron
y mundos que no existen.
Memoria triste,
que no le impide
desprenderse,
tan generosamente,
de sueños evocados
desde siglos
para poner a nuestros pies,
aquí, tan lejos,
una alfombra azul violeta
cargada de hermosura.
(Febrero, 2014)