
“Autorretrato con collar de espinas y colibrí”, Frida Khalo, 1940. Universidad de Tezas, Austin.
La enfermedad
es un pájaro
de alas quebradas
ave de vuelo muerto,
que se te mete hondo.
Encuentra un nido
y lo hace suyo.
Y se te mete dentro.
Tú quieres liberarlo,
pero no vuela.
Lo empujas,
lo echas de tu casa.
Pero se queda dentro,
Dentro. Y no se va.
Malicia sin alas
que feroz picotea.
Y no se va.
Va rondando
por todas tus estancias.
Puede que ande
buscando una salida
que no encuentra.
Y recorre tu cuerpo,
como una jaula cerrada
a todas horas.
Y acaba conociendo
todas tus costumbres,
todos tus secretos.
Y todos tus deseos,
y tus anhelos,
de los que no quieres
que forme parte.
Pero no tiene alas.
Y no vuela.
Tiene rotas las patas.
Y no corre.
Y no sale.
Y se queda contigo.
Y se queda dentro.
Y no te deja.
Y no se va. Y no se va.
(2017, 2023)


«El pájaro enjaulado». Javier Zabala.
Durante mucho tiempo, siendo muy joven, tuve una pesadilla recurrente. Era un sueño angustioso en el que la desesperación solo terminaba al despertar.
En ella alguien me metía por la espalda, entre el cuerpo y la ropa, un pájaro que quedaba atrapado en mí. Por lo general eran aves de un tamaño grande, un loro o más comúnmente una gaviota, casi siempre. Dentro de mi ropa insistía, se esforzaba por huir, sufría y se movía angustiosamente buscado la salida y el aire. Pero no lo lograba.
Yo me movía también, levantaba la prenda que lo apresaba, despejaba el cuello, pero tampoco conseguía darle libertad. Hasta que la salida consistía en despertar.
Se trataba de una broma pesada que me atormentaba durante el tiempo que duraba el sueño. Posiblemente no fuera mucho. Llegué a sentir el temor de que al dormir el sueño se repitiera. Y así sucedía, no recuerdo exactamente con cuanta frecuencia ni durante cuanto tiempo. Pero duró.
Siempre me han sobresaltado los pájaros y las aves en general, me dan temor desde que era una niña. Con el tiempo he intentado reconciliarme con ellos, pero, aunque el pánico ya no es el mismo, -a veces sigue siendo- no lo he logrado conseguir del todo. Y me siguen asustando.
Estas pesadillas se presentaron en un momento y luego desaparecieron, sin más. Y durante mucho tiempo olvidé este suceso, o eso parece, pero no fue así, se debió quedar aparcado en una esquina oculta de mi memoria. Y al terminar de escribir esta idea en forma de poema, y el propio título, “Sin salida”, se me ha presentado de pronto la imagen del pájaro que luchaba por salir de mí en el sueño y mi desesperación mientras duraba. Y, claro, me ha dado que pensar.
***
Este animal que no encuentra la salida tiene muchas formas, adopta muchas apariencias: no solo la de la enfermedad o falta de salud, también la de las dependencias, los celos, los miedos y temores, las angustias fundamentadas o no, las obsesiones, la necesidad, los rencores, las exigencias, la miseria, la desdicha, las carencias, el dolor, el odio, la rabia, la pena, la indiferencia, el desprecio, la soledad… En fin, todo lo que nos atenaza y nos detiene y captura de algún modo y de lo que no somos capaces de escapar o no podemos expulsar.
Ojalá pudiéramos o supiéramos abrir todas las jaulas.

“Yo y mis pericos”, 1941, Frida Khalo. Museo Whitney. Nueva York




